Cuando comencé a estudiar valenciano hace unos meses tenía el doble propósito de conocer mejor mi cultura y de obtener un título oficial que me será útil en mi carrera docente. También me enfrentaba al desafío de volver a enfrentarme a un examen como alumno, que es una de las cosas más desagradables que he hecho nunca aparte de comer espinacas hervidas o quedarme a mitad de camino de la escalera de color en una mano de póker.
Ahora soy valencianoparlante titulado, grau mitjà, que supone un conocimiento más que mediano de la lengua a pesar de su nombre (C-1), y puedo decir que los exámenes siguen siendo sumamente desagradables (alumnos, no sabéis cómo os comprendo), a pesar de los cual creo que voy a intentar ir a por el siguiente nivel en la próxima convocatoria.
Dejo constancia aquí de ello como recordatorio y para señalar que, en el año del triplete del Barça, he conseguido mi triplete de exámenes, ya que me examiné de varios niveles y en varios organismos (me encanta la burocracia), tres en total, y en los tres he obtenido la calificación necesaria ¿Será que sigo llevando el blaugrana en el alma? ¿Se es culé para siempre? ¿Sigo siendo un fanático? ¿Funciona la magia culé?
Por lo demás, ya que me he tirado el moco, no tenéis que preocuparos los lectores de este blog. Seguiré escribiendo en castellano.
El despacho del cirujano era una ventana abierta a la memoria. Una vieja mesa de roble colmaba el centro de su área y, a su alrededor, en pequeñas estanterías de metracilato, descansaba un selecto muestrario de antiguo instrumental médico sobre cuya metálica esterilidad podía leerse su truculento pasado. Quemadores de alcohol, jeringuillas de cristalina precisión, un forceps repulido, sierra de amputar…
Cuando el pensamiento de Jon intentaba esquivar las vitrinas entró el Doctor:
- Bien, bien, bien…- teatralizó el galeno mientras le ofrecía con un gesto el sillón del confidente y ocupaba su lugar al otro lado de esos doscientos kilos de roble centenario. Bien –repitió-. Hemos encontrado una pequeña disfunción en su corazón artificial. Nada serio. Pero tendremos que cambiar algunas piezas, ya sabe, si queremos tenerle a usted con nosotros algunos años más. Es una operación sencilla: no nos llevará más de cuarenta minutos. La enfermera le dará cita.
- Oh…
El médico captó su expresión dubitativa.
-¿Qué le ocurre? No me irá a decir que la operación le impresiona. Tiene usted ciento treinta y dos años y el historial clínico de un veterano. Su respuesta a las dos últimas intervenciones fue magnífica. No tiene que tener usted ningún temor.
- Creo que nunca me acostumbraré a ser un veterano. Todo esto empieza a cansarme.
- ¿Cansado? ¿Esta cansado de ser una persona saludable? –espetó el doctor.
- Creo que sí.
- ¡Vamos, hombre! ¿Cómo se puede estar cansado de tener buena salud?
- En realidad no me cansa tener buena salud, pero me cansa pensar en tenerla.
- Y entonces ¿Por qué piensa esas tonterías? Discúlpeme, pero reconocerá que parece una solemne tontería preocuparse por la salud. Usted sólo tiene que preocuparse de vivir, y de pasar las revisiones; la medicina hace el resto.
- Tengo un corazón artificial, un riñón artificial, implantes musculares… Desde hace cincuenta años no he tenido una caries, pero mis dientes son de porcelana.
- Claro ¿No lo ve usted? La medicina avanza a una velocidad de vértigo. Su abuelo todavía usaba una de esas dentaduras postizas del siglo pasado, la reconstrucción de su boca es un paso adelante en la salud dental, y sus nietos, gracias a los nuevos avances, crecerán con dentaduras perfectamente sanas libres de caries ¿Qué objeción puede usted ponerle a encontrarse mejor?
- Mis niestos jamás tendrán una caries porque la medicina ha conseguido corregir su aparición, pero yo las tuve. Tenía muelas reales con caries reales; y ahora tengo treinta y dos piezas de porcelanas. Soy de pega. Más de la mitad de mi anatomía es artificial, y no me está resultando fácil vivir con eso, ni con las revisiones, ni con la medicación…
- ¿Está harto de todo, harto de la vida que lleva? ¿Le hastían tanto los tratamientos que preferiría simple y llanamente morirse? Sabe que puede hacerlo. Hay clínicas especializadas en tránsitos.
- No quiero morir; quiero que la naturaleza siga su curso.
- A su edad, la naturaleza sólo tiene un curso cierto.
- ¿Usted cree? También es sólo un curso cierto lo que la ciencia me ofrece, y sometido a programa, automatizado. Creo que anhelo algo de incertidumbre.
El doctor se afianzó contra el respaldo de su asiento como expresión plástica de su comprensión acorralada.
Después de ver esta tarde varios videos suyos, éste me ha gustado para rendir mi íntimo homenaje a Michael Jackson. La canción, Man in the mirror, es una gozada. A la actuación le falta un moonwalk guapetón, aunque no hace falta moonwalk para percibir el nervio y la electricidad en cada gesto y en cada paso, igual que no hace falta ver el más allá para ver junto a él el espíritu de James Brown. A tu salud, Michael.
Al parecer, Doñana se muere. La marisma sólo ocupa ya la tercera parte de su extensión original y ha perdido entre el 60 y 80 por 100 de la vegetación dependiente del agua en poco más de 50 años. La sobreexplotación de aguas subterráneas para el cultivo de la fresa y la escasez de los aportes de agua (75 hm3/año por los 200 que WWF considera una mínimo imprescindible) han llevado a ADENA/WWF a publicar un informe en el que alerta sobre el problema y propone diversas medidas a seguir como la recuperación de la cuenca del Guadiamar y la reducción a la mitad de los cultivos de regadío.
Aunque no es nada nuevo, duele oirlo otra vez, y saber que estamos destrozando una de las joyas más importantes de nuestro patrimonio.
Visto a plazo de desertificación, el ejemplo de Doñana puede resultar muy ilustrativo de la teoría de que cualquier gobierno español democrático se ha pasado la protección de la naturaleza por el forro de la chaqueta. Doñana, que es un emblema de la protección del medio natural, no ha hecho más que menguar con cualquiera de ellos.
Pero ha menguado lentamente. No es un barco que se parte y vomita petróleo, ni un bosque quemado al fuego de una chuletada imprudente, que son los síntomas capaces de despertar la contestación pública. Doñana se muere y nosotros callamos, o abrimos nuevos debates sobre ecología que satisfagan al mismo tiempo nuestras ansias de ecología, progresismo y activismo político de sofá.
¿Se inundará el Mar Menor? ¿Se derretirán los polos y subirá el nivel de los océanos?
¿Qué podemos hacer para proteger el cemento?
Arduas cuestiones que se plantea un mundo nuevo que se ha olvidado del antiguo.
Ayer o anteayer estaba viendo la tele por la noche y encontré un programa de debate en el que moderador (Calleja) y contertulios se afanaban en responder una pregunta "interesantísima" que a mí, sin embargo, me pareció una majadería. Se trataba de saber si la energía nuclear es conservadora y las energías renovables son progresistas y debo decir que al menos a uno de los contertulios (socialista, para que no haya suspicacias), favorable a las nucleares, la cuestión le pareció tan absurda como a mí, ya que existen innumerables ejemplos de gobiernos progresistas y conservadores que se han decantado abiertamente por la energía nuclear, y otro tanto de gobiernos de uno y otro signo que han preferido las energías renovables, junto a otros que han preferido ambas.
El contertulio cuerdo esgrimió varios de estos ejemplos en un intento cabal de cerrar rápidamente el asunto, y dijo que la única central construida por Franco había sido Garoña, mientras que el resto se construyeron durante el gobierno socialista de González, igual que el mayor despliegue de energías alternativas (en forma de aspa) había venido con el gobierno de Aznar.
Pese a que este magnífico ejemplo puede ser corroborado con otros tan ilustrativos a nivel mundial, Calleja y el otro contertulio se empeñaron en seguir afirmando, de forma abstracta, que, en cierto modo -y manera- había algo de progresista en las energías alternativas.
A mí me entraban ganas de telefonear a Calleja y preguntarle si es que los argumentos de los demás le entran por uno y le salen por otro o es que de repente se ha convencido de que Francisco Franco fue un ecologista adelantado.
Majaderías como las de Calleja las hay a montones en cuanto se refiere a ensalzar la imagen de la progresía política. Hace poco estuvo en España Umberto Ecco y utilizó toda su excelencia intelectual para dejarnos lindezas como que la izquierda es tradicionalmente más culta que la derecha, frase que sólo se podría comprender si entendemos izquierda como izquierda moderna europea, es decir, no-izquierda. Y ni así. La izquierda tradicional no era tradicionalmente más culta porque la izquierda tradicional, tradicionalmente, estaba conformada por trabajadores con poco acceso a la cultura. Y decir que la izquierda moderna es más culta, en España, supone también desconocer el hecho que la cultura de derechas lleva tantos años enterrada en vida como lo estuvo la cultura de izquierdas durante el franquismo. Para muchas generaciones de españoles, la poesía española es Alberti, Hernández, y cualquier poeta republicano que se precie.
¿Se puede medir la cultura según su signo político? Podríamos hacer recuento: libros de autores políticamente progres por un lado, libros de escritores liberales por otro, libros de autores de ideología no declarada. Tiraríamos directamente a la basura estos últimos, carentes de interés para nuestra clasificación (mucho más interesante que lo que pueda decir cualquiera de esos libros). Con los otros, los válidos, iniciaríamos un proceso de selección riguroso,... o quizá el señor Ecco estaba pensando en que decidiésemos al peso...
¿Y quién controlaría el tamaño de la letra, el gramaje de las hojas, el espacio entre caracteres,...? Seguro que Umberto Ecco se pone a ello y lo consigue, y luego nos lo cuenta en un libro al que podría llamar "El Péndulo de Foucault II" o, simplemente, "Porque me sale del péndulo". Y Calleja le hace el prólogo.